Redacción creativa: “El arte de conceptualizar cualquier producto con pocas palabras”

24 April 2014

A lo largo de su evolución, la publicidad ha tenido que adaptarse a la exigencia que su propia presencia crea,  y esto, en diversas ocasiones, se ha logrado a través de la búsqueda de una diferenciación con la competencia. Esperando sobresalir y considerando el corto periodo con el que cuenta un anuncio para transmitir un mensaje, se ha convertido en una necesidad transmitir la información de una manera inventiva y precisa.

 

  Años 30

Tal vez si una gráfica con este humor fuese lanzada hoy, la pieza sería duramente criticada por su clara invitación a convertir el vino en tu fuente de hidratación. Pero en un momento histórico en el que la publicidad jugaba su rol más inocente, no fue una gravedad la aplicación del mensaje, sino todo lo contrario.

 

 Años 40

Si bien puede resultar un poco simple, el hecho de tener una doble significación potencia el nivel de atención que tendría una persona al mirar el afiche en un contexto aislado de pantallas led y redes sociales exhibiendo cantidades magnas de letras, sonidos y colores. La idea e ilustración fueron realizadas por René Ríos, de seudónimo Pepo y aún mejor conocido por ser el creador de la criolla tira cómica Condorito.

 

 Años 60

La efectividad del concepto fue tal que Yasta decidió mantener el mismo juego de frases durante décadas en sus anuncios. Detrás de la frase, y de forma sutil, se observa cómo cae plácidamente la pastilla nacional de la resaca en lo que podría ser interpretado como la cabeza de un desafortunado y a su izquierda una señorita con deslumbrante sonrisa quien, usando un juicio de estereotipos, sería su señora.

 

 

La redacción creativa es un recurso vigente aún cuando ha sido utilizado en numerosas campañas y en distintas épocas y representa a niveles históricos una conducta de identidad en el publicista, al tener que encontrar, sea con este u otro recurso,  soluciones a los pedidos de sus clientes o propuestas ingeniosas para lograr sus objetivos.

 

Por Juan Antonio Barrenechea

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